De viaje al Jardín Surrealista de Edward James.

Este texto es otro recuerdo, uno muy bueno por cierto, ya que fue un viaje que tuvo de todo, incluso hasta antes de comenzarlo, fue en octubre de 2015, un momento histórico para México porque nos enfrentaríamos al Huracán Patricia de clase 5 entrando por el pacífico, y ya saben justo ese fin de semana habíamos hecho el plan. Los noticieros no dejaban de emitir recomendaciones y alertas y sobre todo que mejor ni salieras de casa.

Pero ya saben, ya teníamos todo listo, hospedajes, motos y permisos firmados de nuestros papás (…), por lo que nos importó un reverendo cacahuate el peligro (sí, viva México), y nos lanzamos, eso sí, con ropa adecuada para frío y lluvia. Además, debo contarles que me tocó organizar ese recorrido, así que le metí una ida diferente ya que tomaríamos rumbo hacia Huasca de Ocampo en Hidalgo, hacia Axtla de Terrazas y el regreso sería por Sierra Gorda de Querétaro, Tequisquiapan y Ciudad de México.

Como les comenté, todos listos con ropa de lluvia en la Ciudad de México y esa vez creo que llegaron todos puntuales, tal vez el miedo al huracán los apresuró o no sé, pero así fue. Salimos rumbo a Pachuca en motos BMW, Yamaha y mi “compañera” la Buell 1125. El clima era fresco y en la zona baja de Pachuca hacía frio, por lo que triunfantes decíamos “ahora si venimos preparados”, pero este sentir desapareció al tomar la carretera Huejutla de Reyes/México donde el calor nos hizo el favor de aparecer.

La ruta hasta Pachuca era aburrida, en general puras rectas, pero luego de pasar Huasca el camino cambia a curvas constantes con paisajes boscosos y grandes parajes verdes que parecieran una alfombra, toda esta parte la hicimos sin detenernos salvo una vez por gas y a darle. Me parece que fue Zacualtipán donde estuvimos un rato más, primero para estirar las piernas y luego porque tenía un mirador donde pudimos ver el fruto de una subida con un cielo muy cerrado y algo de neblina, “estábamos por arriba las nubes” y el sol brillaba fue tal vez el primer momento memorable, mientras que el segundo sería no tan agradable, pero al menos no pasó a más.

Durante el recorrido Yadiel y yo nos adelantamos ya que nuestras motos de corte deportivo se adaptaron a la zona sinuosa, y además de la constante presión de una pick up Ram kamikaze que quería ir a nuestro ritmo, la dejamos en una parte con muchos topes y nos dimos cuenta que íbamos solos, ahí nos rebasó de nuevo la pick up (obvio, nos vimos feo) y esperamos a los demás, pasó un rato y dimos vuelta en U para ver qué había pasado.

Al regreso los vimos debajo de las motos sonriendo y es que les comento que “estos animales” tuvieron un incidente, y digo animales porque fue una tontería, y lección de que se debe estar atento siempre. Resulta que en la parte con topes uno de ellos metió mal el cluth y típico, se te apaga la moto, este no fue el problema, sino al tonto que veía atrás no pudo maniobrar y chocaron levemente, sin caer, aunque el chiste les saldría caro ya que al primero le rompió sus maletas textiles y el segundo casi arranca el carenado de su moto que fue pegado por la siempre útil cinta gris de mientras.

Luego de esto seguimos a un ritmo similar para no separarnos y comenzó nuestro calvario, hacía un calor estúpido… perdón, pero con la ropa que traíamos era insoportable y más llegando a Tamazunchale donde estábamos a 50°, más un tránsito denso por lo que casi nos derretíamos dentro de nuestros trajes. De plano nos detuvimos fuera de un Oxxo a comprar sueros y colgarnos de su aire acondicionado un rato.

De este punto a Xilitla ya era poco, pero se hizo muy largo por el calor que en teoría no debería sentirse, ya que Patricia marcaría el inicio de la aniquilación mexicana, bueno está bien, tal vez exageré un poco, pero así lo pintaban los medios. Llegamos a Xilitla como a las 5 y directo a la casa que Paco había apartado en Airbnb, que casi siempre es mejor opción que un hotel. En esta casa pasó otra situación por la que seguimos hasta la fecha fastidiando a Edgar.

La cosa es que era una casa de construcción rara, y tenía cuatro camas para cinco tipos heterosexuales… mmm las matemáticas no fallaban y ya saben al ver algo así de inmediato apartas tu cama con una prenda de vestir y los demás que le hagan como quieran. El problema es que Edgar “no se puso trucha” y se quedó sin cama y ni había sofás. Edgar penó por cada cuarto en busca de un rincón y todos de manera amable y llena de hermandad, lo mandamos al carajo, hasta que Edgardo que tomó la recamara principal creyéndose mucho, lo pagó porque tuvo que compartir su cama matrimonial a diferencia de nuestras individuales.

El resto de la tarde fue de ir a caminar al centro y comer, aunque tristemente Xilitla había celebrado algo un día antes entonces su zócalo estaba con tarimas en proceso de desmonte, no encontramos algo particular para comer así que aquí nos les recomendaré nada, luego ya saben unas cervezas en la azotea de la casa cerraron este día.

El siguiente día era la visita obligada al Jardín Surrealista de Edward James, un lugar muy loco creado a finales de los 40´s por este escritor británico que fue cautivado por la belleza de Las Pozas. Este lienzo de James fue catalogado “como el más loco de todos” según Salvador Dalí, que seguramente sabía “un poco” de surrealismo. Te recomendamos mucho este lugar es una visita obligada en este rincón de México. Fuera de esto no hicimos mucho más durante el día, y nos enteramos por los noticieros que el temible casi bíblico huracán Patricia, se había desvanecido en la Sierra Madre Occidental, y es que esa señora no estaba para los desmadritos de Paty y me la sentó muy feo. Por ello el calor estaba a todo lo que daba en la zona.

Del regreso no los quiero contar mucho, ya que pasamos por Pinal de Amoles y la serpenteante carretera de la Sierra gorda, pero eso lo quiero tomar mejor cuando les cuente nuestra incursión al parque El Jabalí, un lugar idílico en medio de montañas y parajes áridos. Lo que si les contaré y que no he vuelto a regresar es que en la carretera que sale de Tequisquiapan a la México/Querétaro nos detuvimos a comer en un comercio de hamburguesas, pero con carne de Avestruz, (en varios puntos de ese estado se comercializa esa carne), una experiencia no fuera de este planeta, pero estaban buenas con un gusto a carne vacuna.

En la tarde llegamos a la CIudad de México, con el mejor resultado luego de una rodada de unos 900 km, es decir, sanos, salvos y con una sonrisa… bueno, no tanto para los que se chocaron ya que tenían que pagar su tarugada.

Como pueden ver hay pocas fotos y me disculpo por ello, pero aquel fue un viaje de cuates, una salida divertida por el simple gusto de rodar ya que al menos en aquellas épocas todos tenían muy desarrollado su Destino Viajero. Así que nos vemos en el camino en moto, en coche, en bici o hasta caminando.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *