Un poco del Bajío de México en Moto

De nuevo, hace tiempo que no escribía por acá, y de nuevo una disculpa, estos días atípicos han hecho que casi no salga o de plano no tenga cabeza para recordar algunos viajes, pero BMW México me sacó un poco del letargo, ya que nos invitaron a cubrir las clasificaciones de su GS Trophy, que se realizó en San Miguel de Allende, puntualmente en el Viñedo San Lucas, un lugar que merece una cobertura por sí solo. Al viaje nos lanzamos en unas sendas GS 1250 y desde ahorita les comento que no tomé una sola foto, por eso tengo que usar fotos de archivo.


Debo confesarles, que como DestinoViajero desarrollamos contenido para otros medios, y este viaje lo realicé por Revista Moto, por lo que todo el material que tomé fue en exclusiva para ellos, mientras que las cámaras de la marca se enfocaron en los participantes (algo obvio) y nosotros fuimos poco más que unos fantasmas ahí. Dejando eso a un lado, fue un viaje divertido, tenía rato que no salía y la ruta también se antojaba interesante.


El viernes sería el primer día de viaje, un día antes nos habían hecho llegar una flamante BMW GS 1250 a casa y el punto de reunión sería en la Ciudad de México, donde ya saben tendríamos un desayuno con la plática de seguridad y un poco el adelanto de la ruta. Según el estado del tiempo, nos tocaría lluvia fuerte sábado y domingo, y el viernes no tanta. Luego de estos formalismos, por fin al viaje.

El recorrido comenzó rumbo a Toluca, ya que tomaríamos rumba a Atlacomulco, para posteriormente tomar la Panamericana que sale hasta las inmediaciones de Palmillas en la México- Querétaro. Este tramo fue renovado hace unos cuantos años, agregando en gran parte un carril más ya que antes era medio peligrosa o lenta si te tocaba ir detrás de un camión. Si un día haces esta ruta de paseo puedes pasar por Acambay y por la pequeña zona arqueológica de Huamango Camaye y de ahí tener una vista panorámica de todo el valle.


El camino continuó por la zona industrial de la carretera donde hay unos hoyos que pueden atentar contra la seguridad de las motos, así que “aguas” cuando circules por ahí. Desde el principio de la ruta sabíamos que nuestro guía es bastante distraído por así decirlo, y sin dudas puso a prueba nuestras capacidades de reacción como la incorporación hacia la desviación a San Miguel de Allende, no sé cuántas groserías por segundo pude gritar, pero arriba de la moto seguro nadie me escuchó. Continuamos, pero lo haríamos por una ruta ligeramente distinta ya que el primer lugar al que llegaríamos era Mineral de Pozos, localidad tranquila con tintes de abandono, parece que entras a una película clásica, de esas en tono sepia.


Mineral de Pozos tuvo un auge minero muy grande a principios del siglo pasado, aunque como buenos humanos todo depredan, consumen y se van, y así fue en este lugar donde se miran vestigios de casonas y lugares abandonados (algunos no son tan viejos), aun así es un lugar mágico que puedes visitar y darte una vuelta por la zona de los hornos para una buena cantidad de fotos, si te toca niebla se ve medio macabro, pero le da más mística al asunto.

En Mineral de Pozos nos detuvimos en la plaza central y ya te la sabes, el guía quería “la foto de naco” con su selfie en las letras de la localidad, no saben cómo me revienta eso… aquí nos detuvimos a comer en el restaurante Lola & Carlota, parte del hotel La Casona del lugar que también es muy interesante. La cocina del lugar es muy buena y con un amplio menú de tintes gourmet (prueben el helado de lavanda), las cosas estaban muy cómodas aquí, pero teníamos que seguir.


A continuación iríamos al Viñedo San Lucas, donde era la base y campamento para los participantes del GS Trophy, este viñedo estaré viendo la posibilidad de hacer un reportaje por si solo ya que es muy interesante (y caro) la oferta residencial que ofrece, muy exclusiva y en un entorno que pareciera una ciudad aparte. El problema a nuestra llegada es que ya no vimos nada de lo que estaba pactado porque los participantes ya habían hecho todo, por lo que solo pasamos lista y de ahí fuimos al hotel La Casona (no, no es lo mismo que en Mineral de Pozos).


Para llegar a este hotel pasas por El Mirador, donde obviamente puedes detenerte a ver un rato “la eternidad de un momento” para luego seguir, y si no vas con nuestro guía no te equivocarías otro par de veces (no importando que trajera GPS o que ya había hecho la ruta) el hotel La Casona tiene lo necesario, y no esperes lujos, lo que sí, es un lugar relativamente barato (para los estándares de San Miguel de Allende) con un rango de 1,500 pesos la habitación, por ello te reitero no esperes buenos acabados y detalles en el servicio, o como a mí que en pleno baño la regadera asesina te quiera descalabrar porque se desprende con la propia presión del agua.

Cenamos en el hotel, pero igual soy muy payaso y lleno de prejuicios, pero la comida de restaurante “fino” de San Miguel nunca se me ha hecho buena, tal vez no lo sepan, pero este lugar parece una delegación de estadounidenses y la comida parece estar hecha para ellos, algo insípida y lo peor, las salsas no pican, lo cual es una blasfemia. Este efecto de la comida lo he notado ya muchas veces en “san mike”, pero como siempre si quieres sabor ve a las fondas, a los tacos de la calle y mercados ahí sí está el sabor.


El día sábado amanecimos con una lluvia moderada, de esas que fastidia en la moto y no deja ver, pero primero desayunamos en el hotel de nuevo y escuché una cosa que comprobé más tarde, “lo mejor de este hotel es la panadería que está al lado” y sí, si te gusta tu café con dos panes te recomiendo PANIO, vale demasiado la pena.


Teníamos motos BMW GS 1250 y fuimos al GS Trophy, bueno… la siguiente actividad era ir a la Ruta de la Independencia, comenzando por Atotonilco donde había un nutrido grupo de motociclistas que se pasaban por el arco del triunfo las puertas de entrada de los vecinos (por qué son así…), aquí solo era ver la iglesia de donde salió Hidalgo con el estandarte y ya. Luego de este momento tan emocionante y sin ver nada interesante realmente en el lugar salimos rumbo a Dolores Hidalgo, punto que ya conocía y donde les recomiendo que se den un rol en el museo de José Alfredo Jiménez.

Esta parada en Dolores, era básicamente para comer helado, y bueno al menos fue una experiencia interesante, ya que hay sabores realmente extraños, por ejemplo: chicharrón, camarón o al que me hice casi adicto de aguacate, fuera de eso vamos de nuevo y el GS Trophy solo fue para verlos en algunas pruebas en el Viñedo en situación controlada, no sea que fuéramos a dañar las motos por no tener capacidad de manejo y que nos dedicáramos a ello, eso fue un poco humillante.


La tarde de ese día fue para ver algunas pruebas en el Viñedo y de paso ser ninguneados de nuevo, a nosotros los cinco medios especializados nos exigieron equipo de seguridad completo (y cubre bocas), no importando el clima o incomodidad, pero en las pruebas las “celebridades” hasta en tenis haciendo algunas pruebas y jugando con las motos, y nosotros, “gracias por venir a vernos”.


La comida en el restaurante principal del viñedo repitió mi sentir de la comida de San Miguel, impresionante a la vista, pero con esa carencia de ese algo, aunque por la noche cuando se dieron los resultados para los 20 finalistas en otro restaurante junto a las barricas hubo bufete de pizzas, y damas y caballeros, valen la pena y mucho, con ingredientes de primerísima.

El sábado me tocó escuchar a muchos pilotos y sus experiencias de manejo en los dos días, la ruta que tuvieron y los tragos amargos de algunos que llegaron con mucha intención y terminaron fuera o lastimados (nada de gravedad), además no faltaron los fantoches que presumían lo buenos que son y no llegaron a los finales, o sea caían en la terracería de los caminos del viñedo, pero bueno nunca faltan los que tienen más lengua que talento.


El domingo fue la final, y para mí fue el mejor momento, ya que aprendí mucho y la final fue para mí una verdadera prueba incluyente, donde una mujer y un hombre se miden de igual a igual, nada de feminismo cerrado o machos controladores. Eran 15 hombres y 5 mujeres quienes buscaban su pase al GS Trophy del 2022 en Albania. Aunque esto se me hace algo injusto, ya que los tres mejores hombres ganan pase directo y dos mujeres dependen del resultado de las otras chicas en las eliminatorias GS locales del mundo.


Digo injusto, porque el nivel mostrado por lo 19 de los finalistas fue de medio a malo, la neta, y no, no es que yo pudiera hacerlo mejor (o con entrenamiento tal vez sí, por lo regular yo no ando en una BMW 1250 y ellos sí), caída tras caída se conformó el podio de los menos malos que lograron el pase directo y en las mujeres no fue diferente, el segundo lugar visitó la tierra unas cuantas veces, pero… PERO, desde aquí quiero felicitar (aunque ella seguro ni ve esta página) a Valeria Zomazy, quien dio cátedra de manejo y solo me parece que bajó el pie en una de los ejercicios, en comparación con la pléyade de caídas de los demás, ella por si sola debió tener su pase directo y no depender de otros resultados, tal vez esto le falla al reglamento del GS Trophy de BMW, esperemos sea cambiado y también ver a Valeria dando un buen resultado en Albania.


El GS Trophy se me hace una gran premio de la marca a sus clientes, aunque en algunos casos no eran clientes sino los apoyó una agencia, algo que tampoco veo correcto, pero allá ellos, en estas pruebas el piloto da lo mejor de sí, y enfrenta a su moto GS al ambiente para el que está hecha, no solo ir al Starbucks, como medio este es el segundo que cubro, y sigo soñando el poder participar un día.

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